jueves, 19 de septiembre de 2013

Lo que mal empieza...puede cambiar de rumbo.

Yo no lo sé de cierto, pero "dicen" que lo que mal empieza, mal acaba. 
No lo digo por lo mal que pinta el joven sexenio en curso, porque sería ridículo pensar que esto es de hoy y no, así no es el asunto: se va cosechando lo que se ha sembrado por años.
Y no hablo sólo de la clase política, sino que tod@s y cada un@ de nosotr@s y nuestros antecesores hemos intervenido directa o indirectamente.

Se vislumbra caos: desastres naturales (que no es lo mismo que los fenómenos naturales, porque ellos no son culpables por existir), olas de violencia, crimen organizado, corrupción y negligencia en distintos niveles de cinismo; personas manifestándose porque ya están hasta la madre y otras personas que están hasta la madre por las manifestaciones.   Ciertamente, el escenario luce mal, hasta parece película de terror (de esas que si dan miedo). Todo parece incierto, pero de lo que sí estoy segura es de que no importa por quién hayas votado o si te abstuviste de hacerlo, porque navegamos en el mismo bote y atravesamos la misma tormenta. Ningún político o lider sindical (ni "bueno" ni "malo") va a llegar a rescatarte, ni a tí ni a mí, ni al vecino...al menos que sea alguno de sus familiares, lo cual sería poco probable.
¿Por qué? Porque no les importamos, ni siquiera nos conocen.
Y si estamos en el mismo bote ¿por qué no nos conocemos unos a otros?
Por supuesto, hay quienes nisiquiera se conocen a sí mismos.

Quizá, cuando cada ciudadan@ se atreva (nos atrevamos)  a ser responsable de sí mism@s se deje de pensar que toooda la culpa de lo que pasa en el país debe recaer en una sola persona, la cual finge ser presidente de México, ó en su defecto, en la clase política...o en los empresarios...en los maestros...la iglesia ¿Satanás? Ja! Claro, siempre habrá a alguien más a quien culpar y situciones para quejarse y maldecir.

Cuando el teatro se caiga a pedazos no será una desgracia si la mayoría se encuentra fuera de él. Lo que mal empieza puede cambiar de rumbo.

Y no, a mí tampoco me simpatiza el copetudo.
Y sí, me choca hablar y pensar en estos temas. Nunca me llevan a ningún lugar.

Suya, afectísima, Morfina Montejo.


*Yo no lo sé de cierto, pero "dicen" que al pobre le ha llovido sobre mojado

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